Qué preguntar en la entrevista para evaluar la empresa antes de aceptar

Qué preguntar en la entrevista para evaluar la empresa antes de aceptar

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La entrevista de trabajo es una evaluación en dos direcciones: la empresa evalúa al candidato, pero el candidato también evalúa a la empresa, y las preguntas que hace al final son la herramienta más directa para obtener información que no puede deducirse de la oferta de empleo ni de la web corporativa.

Muchos candidatos llegan al momento de preguntas sin nada preparado o con preguntas tan genéricas que no añaden ninguna información útil y transmiten que no se ha pensado con profundidad en el puesto ni en la empresa.

Esta guía explica qué preguntar y qué no preguntar en función del momento del proceso, y cómo usar las respuestas para tomar una decisión informada sobre si ese puesto y esa empresa son realmente una buena opción.

Por qué hacer preguntas en la entrevista es tan importante como responderlas

Las preguntas que hace un candidato al final de la entrevista revelan qué es lo que le importa del trabajo, qué nivel de preparación ha hecho antes de llegar y si tiene curiosidad intelectual sobre el puesto o simplemente está buscando cualquier empleo que le contrate, y esa información es tan relevante para el entrevistador como cualquier respuesta que haya dado durante la conversación.

Un candidato que no hace ninguna pregunta o que dice «creo que ya me lo habéis explicado todo» comunica una de dos cosas: que no ha pensado en el puesto con suficiente profundidad o que no tiene interés real en la empresa más allá de conseguir el empleo, y ninguna de las dos impresiones suma.

Las preguntas son también la oportunidad de obtener información que no está disponible de otra forma: cómo es el estilo de gestión del responsable directo, cuáles son los retos reales del equipo, cuánto tiempo llevan las personas en el área y cómo describen la cultura de trabajo son datos que solo se obtienen en la conversación directa.

Una buena pregunta puede cambiar la impresión que tiene el entrevistador de un candidato: si alguien ha respondido de forma correcta pero sin brillantez durante la entrevista y termina haciendo una pregunta específica e inteligente sobre el negocio o el equipo, puede quedar mejor recordado que alguien que respondió bien pero no preguntó nada.

El momento de las preguntas es también el espacio donde el candidato puede añadir un punto de su candidatura que no haya tenido oportunidad de mencionar: conectar la pregunta con algo de la propia experiencia —»en mi anterior empresa gestionamos una situación similar, ¿cuál es vuestro enfoque?»— es una forma de seguir construyendo el caso a favor de la propia candidatura.

Preguntas sobre el puesto y las expectativas del rol

Preguntar cómo sería un buen primer trimestre en el puesto —»¿qué tendría que haber conseguido en los primeros tres meses para considerar que ha sido una incorporación exitosa?»— es una de las preguntas más útiles porque revela qué espera realmente la empresa del perfil que está buscando y si esas expectativas son realistas.

Preguntar por los principales retos del puesto en el momento actual —»¿cuál es el mayor desafío al que se enfrenta la persona que ocupe este rol en los próximos meses?»— da información directa sobre si el candidato está preparado para lo que realmente implica el trabajo más allá de lo que dice la descripción.

Preguntar por qué está vacante el puesto —si la persona anterior fue ascendida, se fue a otra empresa o el puesto es de nueva creación— proporciona contexto sobre el estado del equipo: si es de nueva creación hay más libertad para definirlo; si la persona anterior se fue, puede haber una historia de fondo que vale la pena entender.

Preguntar cómo es el día a día en términos de autonomía, procesos de trabajo y comunicación interna da información sobre si el estilo de trabajo del candidato encaja con la cultura operativa del equipo, que es una dimensión de compatibilidad tan importante como la técnica y que raramente aparece en la oferta.

Preguntas sobre el equipo y la cultura de trabajo

Preguntar cómo describiría el entrevistador la cultura del equipo —»¿cómo trabajáis juntos cuando hay un proyecto complejo con plazos ajustados?»— da más información real que preguntar directamente «¿cómo es la cultura de la empresa?», que tiende a producir respuestas tan genéricas que no añaden nada útil.

Preguntar cuánto tiempo llevan las personas del equipo en la empresa —y si hay mucha rotación en el área— es una forma indirecta pero muy eficaz de obtener información sobre la estabilidad del equipo, el estilo de gestión del responsable y la satisfacción general de quienes trabajan allí.

Preguntar qué es lo que más disfrutan las personas del equipo de trabajar allí es una pregunta que revela cómo habla el entrevistador sobre su propio entorno de trabajo: si la respuesta es vaga, evasiva o tarda en llegar, puede ser una señal de que la cultura no es tan positiva como se describe en la web corporativa.

Preguntas sobre el desarrollo profesional y el futuro en la empresa

Preguntar qué trayectoria tienen habitualmente las personas que entran en ese rol —»¿hacia dónde suelen crecer las personas que ocupan esta posición?»— revela si la empresa piensa en el desarrollo a largo plazo de sus empleados o si el puesto es esencialmente estático sin perspectiva de evolución.

Preguntar qué oportunidades de formación y desarrollo ofrece la empresa da información sobre si la organización invierte activamente en el crecimiento profesional de su equipo o si espera que cada empleado gestione su propio desarrollo de forma completamente autónoma.

Si la posibilidad de asumir más responsabilidades en el futuro es relevante, es mejor explorar ese tema en la entrevista que descubrir meses después que el puesto no tiene recorrido: preguntar «¿hay personas en la empresa que hayan crecido desde este tipo de posición?» es una forma no agresiva de entender el techo del rol.

Preguntar qué desafíos prevé la empresa en su sector en los próximos años es una pregunta de nivel estratégico que los entrevistadores con capacidad de decisión suelen responder con más entusiasmo que las preguntas operativas, y que da información sobre si la empresa tiene un plan claro o si está navegando sin mucha visibilidad.

Preguntas que es mejor no hacer en una primera entrevista

Las preguntas sobre salario, vacaciones o beneficios son perfectamente legítimas, pero hacerlas en la primera entrevista antes de que la empresa haya mostrado interés real en el candidato transmite que la prioridad es la compensación y no el puesto en sí, lo que genera una impresión negativa en muchos entrevistadores aunque no debería ser así.

Las preguntas que demuestran que no se ha investigado nada sobre la empresa —»¿a qué os dedicáis exactamente?»— son las que generan más incomodidad, porque cualquier candidato comprometido habría buscado esa información antes de llegar, y hacer esa pregunta equivale a decirle al entrevistador que no se han dedicado ni diez minutos a preparar la reunión.

Las preguntas que ponen al entrevistador en una posición comprometida —sobre conflictos internos conocidos, sobre la rotación del equipo en términos acusatorios— pueden ser legítimas en esencia pero resultan contraproducentes si se hacen antes de tener confianza con el interlocutor.

Hacer demasiadas preguntas en una primera entrevista —más de cuatro o cinco— puede alargar la reunión más de lo previsto y dar la impresión de que el candidato quiere controlar la conversación: dos o tres preguntas bien elegidas son más eficaces que un interrogatorio, aunque el interés sea genuino.

Las preguntas sobre cuándo se va a saber la decisión formuladas con urgencia son las que peor sientan: preguntar cuáles son los próximos pasos o el plazo del proceso es perfectamente aceptable, pero hacerlo con la expectativa implícita de ser el candidato elegido puede resultar arrogante o impaciente.