Qué hacer cuando tu empresa pasa por una reestructuración o ERE

Qué hacer cuando tu empresa pasa por una reestructuración o ERE

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Una reestructuración empresarial o un expediente de regulación de empleo es una de las situaciones laborales más estresantes que puede vivir un trabajador: la incertidumbre sobre si se va a perder el trabajo, la desinformación que suele acompañar al proceso y la sensación de falta de control son fuentes de angustia real que afectan tanto al bienestar como al rendimiento.

Sin embargo, los trabajadores tienen más recursos y más derechos en estos procesos de lo que a veces se cree: conocer las obligaciones legales de la empresa, participar de forma activa en el periodo de consultas y tomar decisiones informadas sobre las opciones disponibles puede marcar una diferencia significativa en el resultado final.

Esta guía explica qué es un ERE, cómo interpretar las señales previas, qué hacer durante el proceso de negociación y cómo gestionar la incertidumbre mientras el proceso está abierto.

Qué es un ERE y qué derechos tienes como trabajador afectado

Un expediente de regulación de empleo es el procedimiento legal que permite a una empresa extinguir contratos de trabajo, suspender temporalmente la relación laboral o reducir la jornada de forma colectiva por causas económicas, organizativas, técnicas o de producción, y está regulado por el Estatuto de los Trabajadores y la normativa de desarrollo.

El ERE de extinción —el que implica despidos definitivos— es el más conocido, pero también existen los ERTEs (expedientes de regulación temporal de empleo), que suspenden temporalmente los contratos o reducen la jornada sin que el trabajador pierda su empleo de forma permanente: conocer la diferencia entre ambos es importante porque tienen consecuencias muy distintas para el trabajador.

El trabajador afectado por un ERE tiene derechos concretos que la empresa está obligada a respetar: el derecho a ser informado antes de que el proceso se inicie formalmente, el derecho a que los representantes de los trabajadores o una comisión ad hoc participe en el periodo de consultas, y el derecho a recibir una indemnización mínima si el despido se materializa.

La indemnización mínima legal por despido colectivo es de veinte días de salario por año trabajado con un máximo de doce mensualidades, aunque el convenio colectivo o el acuerdo alcanzado en el proceso de consultas puede establecer condiciones mejores que superen ese mínimo.

El acceso a la prestación por desempleo es automático para los trabajadores que salen de un ERE si cumplen los requisitos de cotización: la empresa debe gestionar la comunicación a la Seguridad Social y el trabajador puede comenzar el trámite de la prestación desde el primer día en que queda sin empleo.

Cómo interpretar las señales de que una reestructuración se acerca

Los procesos de reestructuración raramente ocurren sin señales previas: resultados financieros negativos publicados, cambios en la dirección de la empresa, fusiones o adquisiciones en curso, reducción visible del negocio o de la actividad, contrataciones que se congelan y proyectos que se cancelan son indicadores de que la empresa puede estar preparando un proceso de ajuste.

Las noticias del sector también son una fuente de información: cuando los competidores están haciendo reestructuraciones o cuando el sector en su conjunto está bajo presión económica significativa, la probabilidad de que la empresa propia también tenga que hacer ajustes aumenta.

Tener esta información no produce la reestructuración ni la anticipa con certeza, pero sí permite prepararse con más tiempo: actualizar el currículum, activar la red de contactos de forma discreta, evaluar la situación financiera personal y conocer los derechos propios son pasos que es mucho más fácil dar cuando hay tiempo que cuando el proceso ya ha empezado.

Qué hacer en el período de negociación para proteger tus intereses

El período de consultas es el momento en que los representantes de los trabajadores —o la comisión elegida para el proceso— negocian con la empresa las condiciones del ERE: las indemnizaciones, los criterios de selección de los afectados, las medidas de acompañamiento y cualquier alternativa al despido que pueda reducir el número de personas afectadas.

Participar de forma activa en el proceso a través de los representantes de los trabajadores —aportando información, haciendo preguntas, pidiendo documentación sobre las causas que la empresa alega— es más eficaz que esperar de forma pasiva el resultado de la negociación.

Consultar con un abogado laboralista o con un sindicato antes de firmar nada —incluido el acuerdo de extinción del contrato— es una inversión que puede producir un resultado significativamente mejor que firmar sin haber revisado si las condiciones que se ofrecen son las que la ley garantiza.

No firmar la conformidad con el despido bajo presión o en el mismo momento en que se comunica la inclusión en el ERE: la empresa está obligada a dar un plazo para que el trabajador pueda consultar y decidir, y usar ese plazo para buscar asesoramiento es un derecho, no una descortesía.

Cómo valorar si la indemnización ofrecida es justa

La indemnización mínima legal es solo el suelo de la negociación: dependiendo del convenio colectivo, de la antigüedad, del salario y del poder de negociación de los representantes de los trabajadores, las indemnizaciones que se acuerdan en los EREs pueden superar significativamente ese mínimo legal.

Comparar la indemnización ofrecida con lo que establece el convenio colectivo del sector, con lo que se ha acordado en EREs recientes en empresas similares y con lo que un abogado laboralista considera razonable dado el caso específico da una referencia objetiva para evaluar si la oferta es adecuada o si hay margen para negociar.

Una indemnización mayor de la mínima legal a cambio de una renuncia a reclamar judicialmente es un intercambio habitual en los EREs: valorar si ese intercambio es favorable requiere conocer las posibilidades reales de éxito de una reclamación judicial, que solo un abogado con conocimiento del caso puede evaluar.

Qué opciones tienes si no quieres salir pero te incluyen en el ERE

Si el ERE incluye criterios de selección de los afectados, revisar esos criterios con atención y verificar que se aplican correctamente en el caso propio es el primer paso: si hay errores en la aplicación de los criterios —por ejemplo, si no se ha respetado la prioridad de permanencia de representantes sindicales o de trabajadores con protección especial—, esos errores pueden impugnarse.

Impugnar el despido individualmente —reclamando ante el Fondo de Garantía Salarial o ante la jurisdicción social— es una opción que puede producir una indemnización mayor o la readmisión si el despido se declara improcedente, aunque el proceso puede ser largo y los resultados no están garantizados.

Negociar directamente con la empresa para ser excluido del ERE a cambio de algún tipo de ajuste en las condiciones del contrato —reducción de jornada, cambio de rol, movilidad funcional— es una opción que no siempre está disponible pero que vale la pena explorar antes de asumir que la única alternativa es salir o impugnar.

Los representantes de los trabajadores pueden incluir en el acuerdo con la empresa medidas de recolocación —bolsas de trabajo, orientación laboral, formación para los afectados— que tienen valor real para quienes van a salir y que conviene conocer y aprovechar si están disponibles.

Si después de evaluar todas las opciones la salida es inevitable, centrar la energía en negociar las mejores condiciones posibles —indemnización, plazos, referencias, apoyo de recolocación— es más productivo que invertir toda la energía en una impugnación cuyo resultado es incierto y cuyo proceso puede durar meses o años.

Cómo gestionar la incertidumbre mientras el proceso está abierto

La incertidumbre durante un proceso de reestructuración —no saber si se va a ser afectado, cuándo se va a saber y qué ocurrirá después— es una de las formas más dañinas de estrés laboral porque se prolonga en el tiempo sin que haya ninguna acción concreta que la resuelva.

Separar lo que se puede controlar de lo que no se puede controlar es el marco más útil para gestionar esa incertidumbre: actualizar el currículum, activar la red de contactos, informarse sobre los derechos propios y preparar la situación financiera personal son acciones concretas que se pueden tomar independientemente de cómo evolucione el proceso.

Mantener el rendimiento laboral durante el proceso —aunque sea difícil concentrarse cuando hay tanta incertidumbre— es importante tanto para proteger la posición en el caso de que los criterios de selección incluyan el desempeño como para mantener la reputación profesional independientemente de cuál sea el resultado.

Buscar apoyo —hablar con compañeros en la misma situación, con personas de confianza fuera de la empresa o con un profesional de la salud mental si la angustia es muy elevada— no es una señal de debilidad sino de reconocimiento de que hay una situación que afecta al bienestar y que merece atención.